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jueves, 4 de junio de 2015

¿Qué significa el Coaching en la empresa de hoy?


Cuando comenzamos a hablar de Coaching, es bueno mencionar algunas definiciones que nos permitan ubicarnos mejor.

Coaching es un proceso dinámico e interactivo en el que alguien (coach) asiste a otra persona (coachee) en el logro de sus metas, colaborando en el desarrollo de su propio potencial.

El coaching es el proceso que consiste en liberar el potencial de una persona para desarrollar su capacidad de aprendizaje, para que se traduzca, entre otros aspectos, en una mejoría sustancial en el desempeño de sus responsabilidades.

 De manera que en el coaching vemos a las personas en términos de su potencial futuro y no solo de su desempeño pasado.

 Aún cuando el término parece muy moderno, el primer coach de la historia fue Sócrates y nos contactamos a través de su pensamiento.

En el siglo V A.C., el gran filósofo griego afirmaba que no existía el enseñar, sino solo el aprender, y despertaba en sus discípulos una conciencia clara de sus carencias para impulsarles a preguntarse y cuestionarse a sí mismos, encontrando así las respuestas a los problemas planteados.
El coaching es un proceso, y lo integran 3 momentos muy concretos:

Momento 1: “El darse cuenta”, en donde la persona toma conciencia de lo que le acontece cotidianamente en lo personal y laboral.

Aún cuando, subyacen las respuestas a esta situación el él mismo, el individuo no sabe cómo operarlas, como dar cauce a la solución porque generalmente no está establecido el hábito de encontrar por sí mismo la construcción de una respuesta que le permita salir de dónde se encuentra.

Lamentablemente, en general, los seres humanos estamos entrenados para operar desde una permanente situación de dependencia con el otro y con los otros. “Por favor, ¿dime qué hago?”….

Momento 2: Es la manifestación directa de esa forma de conciencia traducida en acciones, es decir, “¿Cómo me hago cargo? “¿Cómo me responsabilizo de esto que me está ocurriendo?”…
Este momento es un tanto traumático, dado que se empiezan a cuestionar hábitos, creencias, modelos, etc.

Y al traducir todo esto en conductas muy concretas que le permitan resolver, mejorar o cambiar aquello que venía haciendo y que le generaba incomodidad.

Momento 3: “¿Qué sentido tiene esto para mí?”, cuáles serían los beneficios que obtendría si llevo a cabo aquellas acciones (conductas) que se mencionaron en el momento anterior.
¿Cuáles serían los beneficios que me estoy perdiendo por no actuar de tal o cual forma?

El proceso de coaching tiene una aplicación directa en el trabajo cotidiano, dado que se traduce en el desempeño, acciones nuevas, en la generación de nuevos hábitos para darle a la persona nuevas realidades, nuevas formas de expresión de su potencial.

Indudablemente, el proceso de coaching lo que también pretende, es romper aquellas rutinas defensivas que impiden que afloren las nuevas acciones pensadas.

Aquí se pone a prueba la capacidad para salir de viejos moldes, viejos paradigmas y creencias obsoletas que ya no se adecuan, ni al momento histórico que se vive, ni a las nuevas exigencias que se tienen.

Pareciera que el coaching no es, sino la manifestación del “do it yourself” que empieza a pernear el mundo globalizado.

Cada vez son más las Organizaciones Públicas, las empresas y las asociaciones, en las cuales se está exigiendo una mayor capacidad personal para hacerse cargo de sus cosas, de sus procesos y de sus decisiones.

Y la empresa no es ajena a esta turbulencia del “Hágalo usted mismo” porque se está empezando a confrontar muy duramente la época dorada del… “jefe, ¿dígame qué hago… qué me sugiere?”

Hoy las empresas están en búsqueda frenética de nuevos modelos. De gestión más participativa, mayor colaboración entre sus empleados, en los cuales el liderazgo aprenda a ejercerse bajo nuevos modelos.

Evidentemente, este nuevo reto que lanza el coaching pone de manifiesto en la mayoría de los ocupantes de los puestos en las líneas gerenciales, directivas y mandos medios, una serie de carencias, de vicios, de competencias anquilosadas que deberán atenderse cuidadosa y sistemáticamente, a la mayor brevedad posible.

Ya la capacitación y la formación no alcanza, hoy se hace indispensable nuevas metodologías y nuevos planteamientos que apunten hacia la utilización y aprovechamiento de todo el potencial humano, el cual está subutilizado y subestimado.

Empezar a aplicar coaching es empezar a romper viejos moldes de la gestión de personas en las Organizaciones.

Es entrar en la dimensión de un nuevo tipo y estilo de empoderamiento de las personas y de los equipos de trabajo.

Finalmente, estamos en presencia de nuevas formas de convivencia humana en los aspectos laborales y profesionales, una nueva forma de concebir el trabajo, el liderazgo y la responsabilidad.

viernes, 27 de septiembre de 2013

El Coaching Comunicacional: Oportunidad para liberarte y proyectarte

¿Cómo lograr que tu comunicación fluya desde el corazón y se convierta en la herramienta generadora de tus propios cambios? 

¿Cómo conseguir esa liberación y proyección que buscas para sentirte preparado y listo para abrir caminos? 


En la actualidad el que inicies un proceso de Coaching Comunicacional es una necesidad para identificar tu esencia, tu estilo, tu sentido; Es el camino que te permitirá liberarte y proyectarte a través de mensajes activos, positivos y asertivos. 






COMUNICAR bien es un arte. Lograr un modelo de comunicación conversacional, natural, participativo, sencillo y explicativo; es un reto que significa trabajar primero en tu interior, en tus emociones propias; en tus conflictos, producto de experiencias que, en algún momento, viviste y percibiste dañinas; bloqueando, de esta forma, tu capacidad de comunicar y amar. 

Si, COMUNICAR es AMAR. Cuando tú decides trasmitir tu opinión, propuesta o planeamiento; tú decides compartir; contar lo PIENSAS, SIENTES y  HACES. El conectarte emocionalmente y entender profundamente  lo que quieres transmitir y provocar en los demás, te permitirá generar en ti la pasión que te hará fluir y conectar. 

COMUNICAR es desprogramarte y expresarte sin importarte las criticas que provoques, ni la aceptación o no aceptación que logres; mientras tu intención sea la de construir cambios, las palabras perfectas aparecerán, los ejemplos sencillos facilitarán el entendimiento y tu énfasis (tono emocional y movimiento corporal) provocará el despertar.   



Querer COMUNICAR, y valorar a quienes comunicamos, es el primer paso para vencer el miedo que nos provoca contactarnos con nosotros mismos y con los demás, en un momento imprevisto y  a través de un mensaje que, aunque no sea preparado, basta que sea comprendido y sentido, para que logre ser entendido. 


Definitivamente, COMUNICAR es una necesidad humana que debemos satisfacer. La decisión  llegará en el momento en que el pecho se te oprima y la impotencia te movilice a buscar un entrenamiento comunicacional que permita te abrirte y  desarrollar tus competencias para hablar sin miedo, persuadir, motivar, formar, dirigir o liderar, en cualquier contexto social. 


El reto es RETARTE. Combatir tu miedo es resistirlo, aceptarlo, no culparte, tan solo disimularlo; además de sentir pasión y entendiendo sobre el mensaje que estas dispuesto a entregar al mundo; a ese mundo que está esperando que aportes más de lo que eres y quisieras llegar a ser. 


Lograrlo es cuestión de quererlo con intensidad. Obligarte a ESCUCHAR activamente y HABLAR frecuentemente, es un buen inicio; más aún cuando te decidas a lanzarte  al escenario, sintiendo esto como aquella oportunidad de poner el pecho y  afrontar aquellas sensaciones producto de experiencias limitantes que en el pasado, te bloquearon.    


Entonces con claridad te podemos decir, que tu reto está en apasionarte por dinamizar y activar tus emociones y la de los demás. Está en transmitir y provocar sensaciones, que motiven y lideren las transformaciones que persigues. Tu reto está en entender realmente lo que quieres decir y combinarlo con lo que la gente quiere que digas; así como lo que quieres que la gente sienta y haga, después de escucharte. 

Tu reto está en COMUNICAR para ACCIONAR comportamientos en los demás, para lo que será importante entender la forma en éstos prefieren comunicarse; conociendo los canales (Visual-Auditivo-Kinestésico) por los que perciben y procesan mejor la información; además de otros aspectos de su comportamiento, que te harán identificar qué tipo de información dejarán o no ingresar a su mundo.

Para ACCIONAR, te tocará entonces pulir y disciplinar tu expresión con ejercicios de visualización, dicción, vocalización, articulación, gesticulación y manejo corporal; para que logres ser verdaderamente impactante, que tus ideas y emociones reorienten las acciones de quienes te escuchan. 


Por todo esto, el resultado del buen COMUNICAR se ve reflejado en tu capacidad de movilizar y vincularte con el mundo, en la capacidad que tengas o no de construir relaciones de beneficio mutuo, que mejoren tu convivencia social, tu capacidad para consensuar y abrirte caminos, hacia la construcción de relaciones de beneficio mutuo, que pasarán por tu acercamiento afectivo hacia los demás y el interesarte en éstos. De esta forma tu comunicación se convertirá en tu herramienta para consolidar más relaciones ganar-ganar, tanto el trabajo, como en la familia o en la comunidad. 



Entonces te darás cuenta que una  buena comunicación te hará sentir los beneficios de una práctica en la que la EMPATÍA (ponerse en los zapatos de los demás) es el principal que se activará en ti. 

Si decides hacer el cambio, llegarán hacia ti todas aquellas oportunidades de comunicar para construir, consensuar y accionar la transformación en ti y en los demás; seguidos de un proceso de aceptación producto de la reflexión y conexión emocional que tengan contigo. 

Todo en nosotros COMUNICA, nos acerca  o aleja, y es clave que estemos decididos a provocarnos el cambio que requiramos en nuestra tu comunicación, ese que nos permitirá empezar a practicar el amar, a través del  COMUNICAR, para lograr nuestra liberación y proyección. 


Por Miriam Rojas Coach Comunicacional, especializada en Gestión del Cambio.





jueves, 26 de septiembre de 2013

7 tips para hablar en público

Si se te dificulta expresarte ante varias personas, sigue estos tips que te convertirán en un buen orador.



Hablar en público es una actividad desagradable para muchos y cuanto mayor sea la importancia del evento, peor el miedo. Sin embargo, como emprendedor, deberás enfrentarte constantemente a exposiciones y presentaciones, ya sea ante tu equipo, socios, clientes o posibles inversionistas. Y debes hacerlo de la forma correcta para conectarte con tu audiencia.
Pero hablar en público en realidad no es tan difícil. No es otra cosa que conversar, y eso lo haces prácticamente todo el tiempo. El misterio desaparece una vez que se ha aprendido cómo hacerlo.
Aquí te entregamos algunas claves para convertirte en un buen orador y aprender a expresar tus ideas ante una audiencia, ya sea de diez, cien o mil personas:
1. Exprésate con sencillez
La gente que te escuche captará una o dos de las principales ideas que expongas. Si no puedes expresar en un par de enunciados el punto que propones comunicar, entonces tu alocución no está bien definida. Y si no sabes con previsión lo que quieres decir, mucho menos lo sabrás decir en público.
 2. Organízate
Sea larga o corta tu disertación, es importante ordenar los elementos de la misma. Hay que prever la introducción, los puntos principales que se van a exponer y la conclusión.

A veces, una buena forma de comenzar resulta ser la frase final. Una vez que sabes a dónde te diriges, puedes escoger el camino que más te plazca para llegar allí. Es decisivo tener un final poderoso y contundente, pues en la mayoría de los casos es lo que la gente mejor recuerda.
3. Sé breve
La duración de los números en los espectáculos de variedades suele ser, como máximo, de 12 a 15 minutos. Si una cuadrilla de bailarines y cantantes que ponen toda el alma en su trabajo no logran entretener al público por más tiempo, ¿qué le hace pensar que tú sí podrás? Evita los discursos demasiado largos y rolleros. 
4. Sé sincero
Si tratas de ser distinto a como eres (poco natural), probablemente no vas a convencer a nadie. Si no te parece graciosa una anécdota, no esperes que el público se ría con ella. Si la información que pretendes transmitir no te despierta un verdadero interés, tampoco lo despertará en los demás.
Si tomas la palabra es porque has tenido una experiencia que los oyentes desconocen; compártela con ellos. Trata de que sientan lo mismo que tú sentiste: una profunda emoción, o indiferencia; miedo, o tristeza; fastidio, o perplejidad.
La primera persona del singular (yo) puede ser un arma eficaz, pero debes ser cauto y ubicarte correctamente en el espacio, tiempo y tipo de público que te escucha.
5. Aduéñate de la situación
En los primeros momentos de un discurso se establece el vínculo entre el público y el expositor. Sonríe, agradece a la persona que te presentó y luego espera un momento.
No empieces hasta que hayas captado la atención de todos los presentes. Cada una de esas personas comprenderá inmediatamente que el orador le está hablando a ella, y su cerebro se dispondrá a prestarle atención. Eso es precisamente lo que quieres.
Cuando el público se haya puesto atento, establece contacto visual. Escoge tres caras amigables: una a la derecha, una a la izquierda, y una al centro. Dirígete entonces a una, luego a otra, y así lograrás abarcar a todo el auditorio.
6. No leas, habla
Leer ante un auditorio no resulta tan eficaz como hablar directamente y con el corazón; la expresión espontánea quizá no sea tan pulida, pero definitivamente es mejor.
No es recomendable redactar discursos, pero sí lo es llevar notas para recordar lo que quieres decir, y saber en qué parte va uno. Una buena idea es hacer bullets con los puntos principales o con datos importantes que quieras dar a conocer.
7. Relájate
Cuando estamos sometidos a tensión nerviosa, a menudo olvidamos cómo respirar correctamente. Toda persona que acostumbra presentarse o actuar en público conoce la importancia de la respiración.
No inhales profunda y forzadamente, ni respires con mayor rapidez que de lo normal; te puedes hiperventilar. Para relajarte, sólo tienes que mover el diafragma suave y rítmicamente y dar inhalaciones largas y profundas.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Consejos para Mantener la Motivación


“La victoria pertenece a los más perseverantes.”  
Napoleón Bonaparte



Hay días — o momentos de algunos días— en los que, por el motivo que sea, no nos encontramos especialmente motivados para enfrentarnos a nuestras tareas. 

A veces el problema es el mismo trabajo a realizar: no nos gusta, es complicado o no nos apetece. Otras veces se trata de nosotros mismos, no siempre tenemos el mismo estado de ánimo.

En cualquier caso, ésta es una lista de consejos que pueden ayudarte a recuperar esa motivación perdida, según las circunstancias:

  • Divide el trabajo en tareas pequeñas y concretas. Un proyecto grande y complejo puede resultar abrumador. Al dividirlo en pequeñas tareas consigues ver claro el camino y la resistencia a enfrentarte a él disminuye.
  • Si dispones de poca energía, concéntrate en tareas sencillas y rápidas. Cerrar cosas pendientes, aunque sean poco importantes, te dará energía y fuerza para atacar otros objetivos mayores.
  • Si te encuentras agobiado por el gran número de tareas a realizar, simplemente elige algo y empieza. Verás que la resistencia al trabajo desaparece a los pocos minutos de empezar, una vez dado el primer paso. El miedo desaparece cuando nos enfrentamos a él.
  • Tómate tu tiempo. A veces confiamos en que podemos hacer una tarea en mucho menos tiempo del realmente necesario. Cuando transcurre ese tiempo y no hemos terminado, aparece la frustración y el desánimo. Sé realista en tu planificación. Piensa, además, que siempre pueden aparecer imprevistos.
  • Regálate premios a menudo. Cuando termines cualquier tarea o logres un buen avance en un gran proyecto, haz algo que te apetezca, que te relaje y que no te suponga ningún esfuerzo. Un paseo, una buena lectura, busca tus propios incentivos.
  • Si tus opciones no son demasiado atractivas, observa la situación desde mayor altura. Hay tareas que no nos apetece hacer demasiado, pero obedecen a objetivos mayores. Piensa en ello, piensa a dónde te diriges y encontrarás la motivación necesaria para hacer esas acciones menos agradables.
  • Comprueba tu progreso en cada uno de tus proyectos. Trata de realizar algún tipo de gráfica que te permita evaluar cómo vas haciendo las cosas. Además de obtener una información muy valiosa, las gráficas te motivarán para continuar con tus objetivos.
  • Visualiza el objetivo cumplido. Piensa que has terminado esa tarea que tanto se te resiste y los beneficios que te reporta. Ten siempre presente el final en tu mente.
  • O, al contrario que lo anterior, piensa en lo que pierdes si no completas ese trabajo. Hay estudios que demuestran que mucha gente trabaja más duro para no perder $20 que para ganar $20. ¿Qué te motiva más a ti?
  • Para grandes objetivos, busca apoyo en comunidades on-line. Únete a grupos en la web que compartan tus mismos intereses. Entra en sus foros, lee artículos y comentarios, aporta tu opinión. Conseguirás motivación constante.

  • Busca un cómplice. Es difícil motivarse a uno mismo. Si encuentras un compañero/a de aventuras con quien puedas compartir alguno de tus objetivos (tu pareja, un amigo, un colega del trabajo…) se podrán apoyar mutuamente.
  • Ante un gran reto, hazlo público. Habla de ello con tu familia, con tus amigos, publícalo en tus redes sociales o en tu blog. Elige una fecha para lograr ese objetivo y hazla pública también. Generarás un compromiso total y una motivación extraordinaria.
  • Hazlo divertido. A veces, una tarea rutinaria se puede convertir en algo interesante si eres capaz de hacerla de una forma diferente. Dale rienda suelta a tu creatividad.
  • Si todo lo anterior falla, entonces estás en un momento delicado. Tómate un descanso, unos días libres, desconecta de todo. Necesitas relajarte y recargar las pilas. No pienses en lo que dejas de hacer en ese tiempo. Cuando vuelvas, recuperarás con creces el tiempo perdido.

Por: Francisco Sáez (@franciscojsaez)